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Por Alfonso Jimenez, vocal de la Junta Directiva de la AED. ABC Especial Másteres. Reinventar el futuro, junio 2020.

En una reciente obra de la AED “El arte de liderar”, preguntamos a 15 directivos de nuestra comunidad de negocios sobre las características que, a su juicio, deben poseer los directivos. Y sus respuestas se pueden agrupar en cuatro grandes temas: Primero, tener una visión estratégica y la capacidad para gestionar el cambio dirigiendo la empresa hacia esa visión. Segundo, tener capacidad para gestionar de manera eficiente el negocio, así como, tener orientación a resultados. Tercero, gestionar a personas tanto en clave individual como grupal. Y, finalmente, ser una buena persona y un buen profesional, esto es, regirse por principios éticos que van mucho más allá de aquellos que recogen las normas y los marcos regulatorios. ¿Dónde se adquieres estas competencias? ¿Cómo se desarrolla? ¿Se pueden aprender? Tradicionalmente la formación de directivos ha sido encomendada a las escuelas de negocios. Las Escuelas dan una visión general de los negocios, transmiten la importancia del caso y enseñan a definir estrategias de negocios. Además de dar los mimbres de cada uno de los pilares de una empresa desde la contabilidad y las finanzas hasta la gestión de operaciones y la gestión de personas. Sin embargo, hay competencias que deberán ser desarrolladas en mayor profundidad por las propias empresas hacia sus directivos. La propia empresa debe disponer de programas de formación y desarrollo de sus directivos. Nos quedaría un aspecto clave como es la capacidad de gestionar personas y equipos. esta competencia clave se puede desarrollar por varias vías. La primera es por aprendizaje vicario, es decir observando a los directivos y su manera de hacer. Este desarrollo se puede apuntalar también con programas de Mentoring en los que un directivo consolidado se ocupa de desarrollar a uno más joven. Finalmente nos quedaría las competencias éticas que, aunque se pueden reforzar con códigos de conducta o la propia formulación de los valores, siempre implica la complicidad de toda la estructura directiva. Aprendemos de aquello que nos precedieron y lo que observamos en su comportamiento, nos guiará nuestra propia actuación.

 

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