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Editorial de Expansión 8-10.

Aunque la regulación post crisis ha tenido un papel clave para el saneamiento del sector financiero y la prevención de riesgos sistémicos, cabe recordar que en un contexto de tipos de interés históricamente bajos la rentabilidad de las entidades se ha visto comprometida por el corsé regulatorio diseñado por los distintos reguladores. Y sin una adecuada rentabilidad no hay negocio posible en un sector esencial para el normal desarrollo de la actividad económica. Por eso, resulta imperioso una mayor coordinación entre los organismos supervisores para que el cumplimiento de las exigencias regulatorias no ponga en riesgo la sostenibilidad futura y la capacidad de crecimiento de una industria que afronta desafíos cruciales como la transformación digital o la competencia de actores emergentes como las fintech. La reconversión tecnológica del sector financiero puede suponer una oportunidad siempre que las reglas de juego estén claras y sean homogéneas para los diferentes competidores que operen en el mercado bancario, con independencia de su naturaleza.

 

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