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Por Miguel Ángel García Vega. Elpaís.com. 31-8.

El mercado laboral empieza a sentirse sobrecargado de tanta tecnología y vuelve la mirada a la destreza social. Este mundo que no se parece en nada al que hace un segundo dejamos atrás reclama sensibilidad, pero pocos la encuentran. Se impone la dictadura de la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las matemáticas (el omnipresente acrónimo inglés STEM). ¿Qué fue de Sócrates y su Academia? Cuando un joven accede al mercado de trabajo le exigen habilidades técnicas. Eso que se denomina hard skills. “Pero cuando tiene que dar un salto al management, el factor diferencial son las habilidades personales”, comenta Alberto Andreu, profesor del Máster en Dirección de Personas en las Organizaciones de la Universidad de Navarra, quien destaca dos destrezas. “La habilidad para generar confianza (con tus superiores, colegas, socios…) y el talento para “mirar en horizontal”, trabajar en transversal, romper sitios, gestionar “la política”; lo que Ortega y Gasset definió como “la capacidad de conciliar lo irreconciliable”. Al fin y al cabo, “las relaciones sociales son básicas si queremos crear un entorno de trabajo motivador y de bienestar en el que las personas desarrollen una actividad que las haga felices”, defiende Cristina Hebrero, directora de consultoría en el área de People & Change de KPMG.

 

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