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Por Santiago Álvarez de Mon. Ex. 19-3-21.

Seres lingüísticos, nos entendemos, expresamos, aprendemos, por medio del lenguaje. Inherente a nuestra controvertida y paradójica condición, es fundar relaciones sólidas, enriquecedoras, crear lazos de confianza y respeto. Todo ello lo hacemos sirviéndonos de la palabra. Bien sea escrita u oral, es un instrumento decisivo para descubrir quiénes somos, para realizar nuestro potencial, darnos a los demás, echar una mano, buscar la concordia, hacer comunidad, profundizar en los misterios de una vida buena. El amor, la amistad, los sentimientos y valores más sublimes necesitan de ella para sacarnos de nuestra mismidad y desplegar toda su expresividad. De naturaleza bipolar, es un arma de dos filos. Con ella puedo compartir experiencias, tender puentes, rastrear la verdad, o insultar, denigrar, encasillar al otro en una etiqueta descalificante, mentir descaradamente. La política actual, degenerada en una aburrida y previsible función teatral que estimula los peores instintos, las actitudes más cainitas, se sirve de la palabra, de las redes sociales, para prostituirse intelectual y moralmente. El debate es sustituido por la ofensa, la discrepancia por la mofa, el humor, la ironía, la pulla, la tolerancia por la criminalización del adversario, la comunicación por la propaganda, la conversación por un diálogo de besugos. De esta tendencia fatal que tienen muchos políticos para retozar en el lodazal, Pablo Iglesias, aún vicepresidente del Gobierno, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, es el exponente más triste e irresponsable.  Seguir leyendo, lo que aconsejo vivamente y con todas mis fuerzas, en el SIGUIENTE ENLACE.