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Editorial de Expansión, 14-7-2020.

El futuro de la Unión Europea, un proyecto que tiene indudables beneficios para todos sus miembros, depende en buena medida de la salud de todos y cada uno de los países que componen el club. Una crisis profunda en una parte de sus miembros deteriora el proyecto global y tiene consecuencias nefastas para el conjunto. No se trata en este caso de meras subvenciones de países disciplinados hacia economías poco ortodoxas, sino de la reconstrucción y modernización de un tejido productivo que en el futuro va a sostener al propio proyecto europeo. La reconstrucción, en este sentido, es una prioridad para todos, incluidos los frugales, porque garantizaría la normalización del Mercado Único.

 

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