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Un artículo de Santiago Álvarez de Mon en ex. 10-11.

El pasado martes EXPANSIÓN se hacía eco de la alta participación de directivos españoles en la maratón de Nueva York. ¿Qué hay detrás de una experiencia tan enriquecedora? ¿Cuál es la lógica que explica un proceso de aprendizaje, diversión y superación? Desde mi afecto y admiración por tantos maratonianos, me pregunto por qué esta filosofía de trabajo no impregna otras áreas de su vida. ¿Por qué no aplicar al cultivo de la capacidad emocional, intelectual, moral, la misma técnica que sirve para el desarrollo de la capacidad física? Un ejemplo, la importancia de leer en un mundo complejo y diverso. ¿Se da cuenta de que, cuanto más lee, más ganas tiene de leer? Y quien dice leer, dice otras actividades nutritivas para el alma humana. Formular preguntas inteligentes y oportunas, escuchar (mucho más que guardar silencio), buscar momentos de soledad donde el pensamiento se confunde con el sentimiento, la lógica con la intuición, observar el subsuelo de la realidad más allá de su frenética superficie… requiere de profesionales multidisciplinares imbuidos de un espíritu maratoniano. Por tanto, a correr, y también a leer, a pensar, a meditar, todos los días. Hacer de la frase de Aristóteles que da título a esta columna, una forma de vivir.

 

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