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Por Santiago Álvarez de Mon. Ex. 26-3-21.

Evidente que se han cometido errores, incurrido en delitos, actúese en consecuencia, también en democracia el ser humano sigue siendo limitado. Bienvenida una reforma del edificio democrático. Respetando las vigas maestras, sin tocar los muros de carga, reforzando los cimientos, evalúense los daños inferidos con objeto de mejorar la seguridad del inmueble; afróntese sin más dilación una limpieza y rehabilitación de la fachada; revísense las cañerías; cámbiense algunos materiales; píntense las paredes, etc. Para una obra de envergadura se necesita del oficio y esfuerzo de todos. Arquitectos, aparejadores, albañiles, capataces, interioristas… y evidentemente un director con un sentido claro de la misión recibida. Una empresa bien distinta a una voladura progresiva, intencionada, temeraria, liderada por los enemigos externos e internos de nuestra libertad. Como el aire que respiramos, sería una pena que cantásemos sus exigentes maravillas, libertad es mucho más que hacer lo que me da la gana, inmediatamente después de haberla perdido. Nada es gratis, tampoco vivir en libertad, en democracia. El respeto a la ley, una pedagogía constante en valores nobles, universales, intemporales, la puesta en evidencia de los totalitarios, de los resentidos, es su única defensa, su mejor garantía. 

 

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